Maltrato a las Personas Mayores: qué es y cómo actuar

 

Lucía Pardo Ramilo
Psicóloga sanitaria y psicogerontóloga
Autora de Sumando Canas

El fenómeno del maltrato hacia las personas mayores se ha ido visibilizando cada vez más en las últimas décadas, cuando ha ido trascendiendo del ámbito familiar. Sin embargo, en nuestro país existen muy pocos datos que puedan indicar su incidencia o prevalencia.

La Action on Elder Abuse del Reino Unido define el maltrato a la persona mayor como:

Un acto único o reiterado, u omisión, que causa daño o aflicción a una persona mayor y que se produce en el seno de cualquier relación donde existe una expectativa de confianza.

Existen diferentes tipos de maltrato, todos ellos agrupados bajo dos grandes rótulos: el abuso y la negligencia.

Cuando hablamos de abuso nos referimos a la violencia de tipo físico, psicológico o económico. La primera hace referencia a actos de violencia como empujar, golpear o forzar la alimentación, entre otros. Por violencia psicológica entendemos todas aquellas conductas que provocan angustia en la persona mayor, como la intimidación, el aislamiento, la infantilización o las amenazas de abandono. Cuando hablamos de violencia de tipo económico nos referimos al uso malintencionado de los recursos de la persona mayor en beneficio del cuidador, como el mal uso de sus ingresos o coaccionarla para que firme determinados documentos.

En relación al maltrato por negligencia, también puede ser de tipo físico, psicológico o económico. El primer tipo hace referencia a la ausencia de cuidados y recursos necesarios para la persona mayor, como puede ser no proporcionarle la alimentación, la medicación o las ayudas necesarias (gafas, audífonos, etc.) o la falta de higiene. En cuanto a la negligencia psicológica, es un tipo de maltrato que implica la privación de estímulos de tipo social como dejar sola a una persona dependiente durante largos periodos de tiempo. La negligencia de tipo económico implica la no utilización de recursos en beneficio de la salud y el bienestar de la persona mayor.

Un tipo específico de maltrato es aquel que se produce en las instituciones, como residencias u hospitales. Este maltrato puede producirse de forma intencionada o inconsciente, y las diferentes tipologías son las mismas que en el caso de las personas mayores que viven en su domicilio.

Algunas de las conductas que pueden considerarse maltrato en instituciones son: el trato infantil, las humillaciones o insultos, la falta de intimidad o de información, la discriminación por edad, las restricciones físicas o el aislamiento, entre otras.

¿Qué medidas debemos tomar ante la sospecha de maltrato?

La primera medida es trasladar a la persona mayor a un centro sanitario donde puedan realizar un reconocimiento médico que permita detectar lesiones físicas y psicológicas.

En el momento del reconocimiento, es importante asegurarse de que el supuesto agresor no está presente. En caso de dudas, se debe hacer salir a todos los acompañantes.

Los profesionales sanitarios que atienden a la persona mayor deben realizar, mediante un informe detallado de las lesiones, un comunicado judicial. Esta es una obligación legal de todos los trabajadores que tengan conocimiento de la existencia de este tipo de delito.

Es importante también el papel del trabajador social correspondiente, que debe informar a la persona mayor de los recursos que tiene disponibles y de las decisiones que debe tomar en esa situación.

Los profesionales no deben entregar nunca un informe indicando la etiología de las lesiones, evitando que este llegue al supuesto agresor. Y, sobre todo, si la persona mayor no tiene deterioro cognitivo, se debe evitar pasarla por alto informando solamente a la familia.

Prevenir mejor que curar: ¿qué podemos hacer?

Como sociedad tenemos el deber de impulsar cambios en la conceptualización de las personas mayores y en la forma de relacionarnos con ellas, derribando los estereotipos negativos que fomentan el edadismo (ageism).

Además, a nivel social debemos reflexionar sobre la forma en que cuidamos a las personas mayores con algún nivel de dependencia. Es importante crear cultura de buen trato, formando en la detección de señales de maltrato y en la actitud de denuncia.

A nivel de los profesionales que trabajamos con personas mayores, debemos establecer normas de buena praxis para instituciones en las que se las atiende y cuida. Así mismo, resulta importante evaluar las necesidades formativas de los profesionales encargados de estos cuidados.

Tampoco debemos olvidar la atención a las necesidades de los cuidadores informales (como son los familiares), contribuyendo a formarles en prácticas de buen trato, en el cuidado adecuado de las personas mayores dependientes y en pautas que prevengan su propia sobrecarga.

Referencias

Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (2006). Tratado de Geriatría para Residentes. Madrid: SEGG

De la Cuesta, J.L. (2006). El Maltrato de Personas Mayores. San Sebastián: Hurkoa Fundazioa.

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