La marcha nórdica, un deporte desconocido ideal para los mayores


M Nórdica


En España poca gente sabría decir qué hace un grupo de personas caminando al aire libre con la ayuda de bastones similares a los utilizados en el esquí. Sin embargo, en otros países europeos es muy común practicar la marcha nórdica, un deporte de resistencia que goza de mucha aceptación entre las personas mayores, por los importantes beneficios físicos y mentales que se consiguen con su práctica. Se trabaja el 90% de la musculatura del cuerpo, mejora el equilibrio y la postura corporal, y relaja la tensión de cervicales y lumbares, lo que hace que su práctica sea ideal para las personas de edad avanzada.

Por eso, la Fundación Alicia y Guillermo, en colaboración con En Marcha Nórdica, ha comenzado a organizar todos los martes de 17.30 h. a 19 h. un taller de marcha nórdica en la Dehesa de la Villa, al que los interesados pueden apuntarse, previa inscripción en el 910 843 405 o en el email info@fundacionaliciayguillermo.com. Cada sesión consta de 90 minutos intensos, llenos de diversión, en buena compañía y guiados por una monitora.

La marcha nórdica es sencilla y apta para todo el mundo, pero requiere aprender una técnica específica y es necesaria mucha práctica para llevarla a cabo correctamente. Lola Carbonell, directora de la Fundación Alicia y Guillermo, nos explica todo sobre este original taller, que se pone en marcha de la mano de Teresa Torrente, psicóloga y voluntaria de la Fundación.

¿Cómo surgió en la Fundación la idea de realizar este taller de marchas nórdicas?

Lola Carbonell: Teresa nos habló sobre los beneficios que tiene la marcha nórdica a nivel físico y psicológico: movilizas todo el cuerpo y bombeas sangre porque tienes que ir abriendo y cerrando las manos. Es algo que parece muy sencillo, pero no lo es, porque tienes que desarrollar mucho la coordinación. Así que decidimos traerlo a la Fundación.

Teresa Torrente: Llevo tres años dando clase de marcha nórdica, y veía cómo este deporte tan saludable ayudaba a la gente a partir de la cincuentena. Me animé a proponerlo porque veía que era muy adecuado.

En España la marcha nórdica es una gran desconocida, y sin embargo en otros países, como Alemania o Austria, es muy común.

T.T.: Sí, en algunos países alrededor del 30% de la población es practicante habitual de marcha nórdica. Pero es que además, se recomienda para hacer rehabilitación en la seguridad social y se utiliza para entrenar otros deportes.

¿Tiene muchos beneficios la marcha nórdica?

T.T.: Muchos. Pones en marcha el 90% de los músculos del cuerpo. Es muy bueno para las articulaciones, para la circulación, para la espalda… te ayuda a llevarla recta, a poder girar el tronco y a levantar los brazos. Y te permite manejarlo en distintas intensidades, desde baja a alta competición, dependiendo de la persona que lo practique.

Además tiene un componente que la hace bastante especial como práctica deportiva, y es que te permite ir hablando con otras personas en grupo. Así que podemos decir que cubre los tres componentes de la salud de la OMS: el componente físico, el social y el psicológico. La marcha nórdica es muy buena para la resistencia física, en especial para gente que nunca ha hecho ejercicio, porque con muy poco esfuerzo vas mejorando cada día: caminas más deprisa, más tiempo…

¿Qué dicen los mayores cuando la practican?

T.T.: Se encuentran mejor. Hay bastantes investigaciones con personas mayores y marcha nórdica que demuestran los beneficios que aporta: mejora la movilidad, funcionalidad y autonomía, y da sensación de bienestar y logro, de estar haciendo cosas que no hubiesen pensado que podían hacer. Al principio se forman grupos pequeños porque a la gente le da apuro ir con bastones, o nunca han hecho ejercicio y no se atreven… pero el boca-oreja funciona muy bien, y al final son los primeros que hacen publicidad del taller.

Habéis incluido las marchas nórdicas dentro del programa “Lidera tu vida”, que la Fundación desarrolla para mujeres mayores, y en el que promocionáis la igualdad de género. ¿Por qué?

L.C.: En estas generaciones el machismo está muy incorporado. En muchos casos, ni ellos se dan cuenta de que lo son, ni ellas identifican que lo sufren en su día a día. No son conscientes, pero lo somatizan: está demostrado que muchas de las consultas médicas de las mujeres a partir de 70 años se producen motivadas por la presión y el estrés que esta situación cotidiana les provoca. Hemos decidido incorporar al programa la marcha nórdica, porque tampoco las mujeres estaban acostumbradas a hacer deporte: eso era territorio de hombres.

El hecho de practicar deporte no debería tener que ver con ser hombre o mujer, pero por lo que comentas en este caso sí que lo tiene.

L.C.: En estas generaciones sí. En las generaciones de ahora es diferente, todo el mundo va al gimnasio, chicos y chicas. Pero si antes alguien hacía deporte era el hombre. La mujer no tenía opción.

Con lo que eso implica a nivel de salud…

L.C.: Claro. Por eso lo hemos incorporado, por empoderamiento y por salud.  Tenemos también un taller de informática porque ellas tampoco aprendían nada relacionado con tecnologías. Los talleres están abiertos tanto a hombres como a mujeres, y eso facilita la convivencia. Hacen algo común para que se den cuenta de que todos lo pueden hacer.

Uno de vuestros objetivos como Fundación es promocionar el envejecimiento activo. ¿Qué otras actividades desarrolláis en este ámbito?

L.C.: Tenemos un club de mayores activos y hacemos actividades todos los meses, como ir al teatro o al cine. Pensamos que los mayores tienen que seguir formando parte de la sociedad. Hacerse mayor no significa quedarse en casa viendo la tele o ir al centro de mayores. Eso está muy bien, pero queremos que se sientan integrados, que se sienten en una butaca de cine y de teatro. Que sigan incluidos en la sociedad también a ese nivel.

Además, dentro de este club tenemos otro taller que se llama “Historias de vida”, en el que, con la ayuda de una psicóloga, los participantes estructuran su vida en distintas etapas, y así el grupo va contando sus vivencias, desde la niñez hasta la actualidad. Está siendo muy terapéutico porque, al contar sus vivencias a un extraño que no tiene nada que ver con su vida, se enriquecen y les hace cambiar incluso el prisma desde el que miran su vida.

Todo el trabajo que hacéis tiene mucho que ver con paliar la soledad en los mayores, ¿verdad?

L.C.: Pretendemos que haya un grupo de gente que haga cosas juntos, y que no estén solos. Queremos que los mayores recuperen esa red social. También hacemos acompañamiento en domicilios, para aquellas personas que por diversos motivos, como la falta de movilidad, están más aisladas todavía.

Sin duda la autonomía es muy importante, y la falta de ella repercute en todas las áreas de la vida.

L.C.: Por eso tenemos voluntarios que van a verlos entre dos y cuatro horas a la semana. En ese tiempo, voluntario y mayor deciden lo que hacen. Por ejemplo, tenemos una voluntaria que se va con su mayor a Sol a comer bacalao. Otros voluntarios leen a personas que casi no pueden hacerlo, hacen la compra juntos…

¿Cuáles son vuestros objetivos como Fundación?

L.C.: Lo primero, trabajar con los mayores, no por los mayores. Eso ya es una diferencia, porque el objetivo es que estén integrados en la sociedad, que tengan un envejecimiento digno, y que sean independientes el mayor tiempo posible. En definitiva, que sean sujetos de su vida, que no decidamos el resto de la sociedad cómo queremos que vivan nuestros mayores, sino que ellos digan cómo quieren vivir. Es otra de las luchas, porque hasta ahora lo que ha habido con los mayores es mucho paternalismo.

¿Se infantiliza mucho a los mayores?

L.C.: Exacto. Hacemos cosas con ellos, pero sin contar con ellos. Yo decido cómo vive mi padre, y entonces decido ponerle a alguien que vaya a su casa… aunque mi padre a lo mejor no quiera eso. Nosotros queremos darle la vuelta a ese concepto: el que es válido, es válido para todo. Intentamos cambiar esos estereotipos.

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